Descripción
¿No te sucede que un mismo pasaje evangélico, leído en momentos diferentes de tu vida, te inspira pensamientos y afectos diferentes? ¿A que sí? A mí también. Sucede como con el sol. El sol está en lo alto del cielo, es siempre el mismo. Pero su luz no ilumina de la misma forma un bosque que una pradera, un río o las aguas del mar. Del mismo modo, el mismo evangelio que te animó cuando te encontrabas triste te denuncia tu pecado cuando lo lees en época de tentación. Es la misma parábola, el mismo discurso, pero entonces te dijo: «¡No temas!» y ahora te dice: «¡Ten cuidado!».




